En otoño y si miramos con cuidado podemos ver las ootecas de las mantis casi en cualquier lugar medianamente protegido. Un muro de piedra, entre los matorrales o en el típico montón de leña para el invierno. Las jóvenes mantis empiezan a salir en primavera.

Al principio su aspecto recuerda más a un pequeño gusano, pero en unos instantes hacen su primera muda. Parecen entonces diminutas mantis, réplicas en miniatura de sus padres. De una sola ooteca suelen nacer, dependiendo de la especie, hasta 300 crías.

Durante toda la primavera, las mantis no hacen sino que comer y comer, alcanzando en unas semanas su pleno desarrollo. Tal es así, que en pleno verano ya están en condiciones de procrear.

Mientras la hembra de mantis está comiendo, la vida del macho no corre peligro, aún así la aproximación es cautelosa. La hembra no lo atacará obviamente porque sea un macho, sino por que no lo distinguirá de cualquier otra presa y su voracidad en esta época es insaciable.

Tras ser fecundada la hembra se volverá mas voraz aún, si cabe, ya que estar bien alimentada significa una puesta de mayor tamaño.

Una ooteca (del griego óon, “huevo” y theke, “depósito”) es el depósito de huevos que forman diferentes animales, principalmente moluscos e insectos. Un ooteca contiene muchos huevos generalmente rodeados por una proteína espumosa que se endurece en contacto con el aire formando una cubierta de protección.

Las mantis forman una especie de masa suberosa o cartilaginosa, donde están los huevos pegados los unos a los otros sin recubrimiento común alguno, que es fijada a una piedra u otro objeto.

Los blátidos (cucarachas) sí crean esta envoltura común lisa o estriada, pero en lugar de fijarla a objeto alguno, es llevada por la hembra.

Otros ejemplos notables de especies productoras de ootecas son los ortópteros, los coleópteros de la familia Hydrophilidae y las arañas, entre otros.

#Saludogs.
El Equipo de Bichos y Mascotas®